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Artes Marciales Low Cost y la alquimia del Karate

15 Sep
Artes Marciales Low Cost y la alquimia del Karate

El siglo XXI es la era del “low cost”; el bajo coste económico, la edición de bolsillo y baja calidad de los productos que antes estaban reservados al lujo: El bienestar de bazar.

Ahora se puede viajar a bajo precio y obtener productos antes reservados para altos poderes adquisitivos, a cambio de renunciar al confort o a la garantía de durabilidad. Vivimos en la plenitud y aceptación de la obsolescencia programada. Los bienes de consumo tienen una duración limitada para generar mayor consumismo.

Somos beneficiarios del auto servicio, renunciando al trato de venta de profesionales entendidos, especializados y preparados para ello. Incluso vemos como retrógrada la atención adecuada y personalizada, y se reserva tan sólo a los altos poderes adquisitivos. Ahora todos podemos disfrutar de servicios y bienes como los ricos… Igual que ellos pero a lo “cutre”.

Nos hipotecamos para pagar unas vacaciones, en las que durante unos días, podemos vivir como nos gustaría vivir el resto del año. Preferimos asomarnos al lujo, que invertir nuestro tiempo y esfuerzo en conseguir una vida sostenible, estable y de calidad.

Esta misma filosofía se lleva a la formación. ¿Qué me puede dar beneficios a corto plazo? ¿Cómo puedo hacer lo mismo que aquella persona del escaparate?

El deportista de élite que ha conseguido un gran desempeño en su deporte, al igual que el empresario de éxito, muestra su vida una vez que ha pasado por los diferentes estadios de sacrificio personal.

Vemos a determinado hombre de negocios bajando de su jet privado, pero no nos lo queremos imaginar montando su primer negocio en el trastero de la casa de sus padres. Nos interesa saber dónde pasa sus vacaciones y nos gustaría pasarlas igual, pero no podemos ver qué es lo que hace hasta llegar a esa playa a descansar.

No vemos las horas de disciplina, austeridad y sacrificio personal hasta llegar a los objetivos profesionales, artísticos o deportivos del producto final.

En las Artes Marciales y deportes de contacto profesionales, admiramos el momento del combate, la promoción del espectáculo y la bolsa obtenida, pero no terminamos de ver el proceso de llegada a la cima.

Queremos tener la definición técnica de un artista marcial, sin haber pasado por las sesiones de tecnificación que ha hecho. Deseamos sus aptitudes físicas sin tener en cuenta el proceso de habilitación de su cuerpo, admiramos su esfuerzo, sin tener en cuenta los periodos de formación de su carácter y disciplina, con sus privaciones, limitaciones, frustraciones y reajustes de su entrenamiento y de su  propia vida.

El “low cost” también se acaba pagando: Lo barato sale caro.

Esto, por supuesto, no lo digo tan solo en términos económicos. Ya que el precio, tiende a ser un convencionalismo social, y en muchas ocasiones, en nuestro arco cultural, un falso certificado de calidad: Cuanto más cueste mejor será. Sin embargo el valor no siempre está relacionado con el precio.

Cuando las artes marciales se han mantenido durante cientos, e incluso miles de años, como procesos de transformación del cuerpo y el carácter, para modificar al individuo en algo nuevo y perfecto, con métodos de larga duración e individualización ¿quién puede creer que debido a una moda, alguien que ha aprendido algunos trucos por un tiempo limitado y breve, puede estar a la altura de un artista marcial preparado?

Incluso pudiendo conseguir en un corto periodo cierta habilidad y destreza, el proceso transformador del carácter del practicante, sólo se consigue con el entrenamiento prolongado, ininterrumpido y disciplinado del practicante.

Desarrollar las destrezas mentales del artista marcial, es superior a dominar algunas técnicas y poseer ciertas habilidades físicas, que se irán perdiendo con el tiempo.

Los espíritus deseables del budoka, tan solo se desarrollan a través del tiempo, práctica y mentalización del propio proceso: Shoshin (predisposición), Zanshin (alerta), Fudoshin (estoicismo), Mushin (reacción natural) y Senshin (iluminación) sólo se consiguen a través de de Osu no Seishin (perseverancia).

Aquello que se aprende despacio, se aprende para siempre.

El instructor en artes marciales, no es un monitor deportivo, ni un amenizador para los más jóvenes. Es un mentor y transmisor de una ciencia ancestral, con las claves de la técnica moderna, además de un reflejo de una sociedad que parece que se aleja en la utopía. Una sociedad en la que se premia el esfuerzo, en que la ponderación social, se obtiene con méritos virtuosos, y donde el esfuerzo y la constancia educan con el ejemplo.

El profesor de Artes Marciales es como el antiguo artesano que moldea o fragua una pieza de auténtico valor personal y social, y por eso ha sido tradicionalmente respetado, tanto como un alquimista, que es capaz de transmutar la materia mundana en oro, con métodos reservados al iniciado que se entrega al estudio y la práctica.

En la fragua del dojo, el martillo del herrero es sustituido por la disciplina, el yunque por el respeto, el fuego donde se forja es la intensidad del entrenamiento y el agua donde se enfría es la atención del sensei, de cuya habilidad irán saliendo herramientas de mayor o menor calidad, en base a la materia prima y al tiempo de forja. Incluso con una materia prima poco atractiva, si la voluntad del herrero es buscar la perfección, será capaz de ver y extraer el espíritu de katana que se puede llegar a refinar con el esfuerzo y el arte adecuados.

Cada uno evolucionará a su ritmo, reclamando la atención que precise. Con el riesgo de que un material fácilmente moldeable en un principio, puede llegar a labrarse menos, por considerar que la pieza es ya demasiado bella, mientras que la que recibe más y más pliegues y golpes de martillo, podrá superarla en eficiencia debido a la constancia en la herrería.

Cuando la voluntad es la adecuada, el Karate puede ser el proceso alquímico para convertir la piedra de hierro bruto, en una joya de oro.

Cuestión de satisfacción personal, dedicación y esfuerzo, que serán multiplicadas gracias a la actitud adecuada en el desempeño, que blinda estas cualidades en base a disciplina y respeto.

 

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