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Puertas infinitas, llaves infinitas

10 Ago
Puertas infinitas, llaves infinitas

El Bushido tradicional se basa en el cumplimiento de una serie de conceptos tradicionalistas para conceder el monopolio de la actividad guerrera a la casta militar japonesa, en términos generales, los bushi ó samurái.

Estos guerreros estaban condicionados y atados a normas y costumbres como el honor, la rectitud, la lealtad al clan y al señor, el coraje, la justicia, la sinceridad o el respeto.

 

No obstante, se suelen destacar, en un plano romántico, a los guerreros que rompían ataduras de lealtad al daimyo (el señor) o al clan, y cumplían el ideal samurai de ser juez de su propio destino.

Cuando un samurai no tenía señor a quien servir, se le denominaba ronin. Muchos de estos mercenarios a sueldo, desarrollaron sistemas de guerra muy refinados al no tener que estar sujetos a una disciplina militar arcaica y poder desarrollar por si mismos técnicas en base a la experiencia propia de un guerrero errante. Además, en muchas ocasiones, deseaban cometer actos virtuosos para poder acceder a pasar a las filas de un clan que les sustentara. Este riesgo, a veces en base al ensayo -error- ensayo – acierto, suscitaba en ellos una mejora técnica, y una ventaja frente a los condicionamientos clásicos que pudiera tener el arte, y en caso de error continuado, lo lógico es la muerte del individuo y por tanto la pérdida de ese defecto en el arte de la guerra.

Precisamente uno de los más famosos ronin de la historia es también uno de los más afamados espadachines, Miyamoto Musashi.

La mentalidad japonesa, en su masa, se aferra a lazos de lealtad en muchos niveles, quizá mucho más fuertes que en otras sociedades, este hecho también puede tener como consecuencia que al romper ciertos lazos, se provoque una sensación de libertad interior unida a un ensalzamiento egonista de la creatividad y el refinamiento en las artes.

Recordemos pues como el propio Masutatsu Oyama, llegó al refinamiento en su arte tras haber estudiado con ciertos maestros, y desarrollar esos conocimientos en la soledad de las montañas.

No es extraño por lo tanto que desde entonces el propio karate kyokushin sufriera continuas divisiones y modificaciones en base al maestro que los desarrollara.

Como ya he recordado en algún artículo anterior, el concepto Shuhari, es una palabra inventada por las artes marciales japonesas para expresar la trasgresión propia del artista marcial que ya ha dedicado muchos años al estudio canónico del arte. Cuando se produce Shuhari, también se debería exaltar la excelencia.

En una mentalidad mercantilista, los líderes de diversas organizaciones, grupos o dojos, no permitirán al estudiante trasgredir ciertas costumbres que quizá sean positivas para el desarrollo personal del alumno, pero pueden ir contra los intereses del grupo en cuestión.

Un buen maestro, se ocupará de que sus estudiantes absorban el máximo posible de conocimientos e intenten superar al propio instructor. Este alarde de humildad, es sin embargo más propio de la tradición budista del guerrero japonés que de la propia actividad militar. Es decir, permitir que un subalterno te supere es una actitud de monje, y por eso no es fácil de encontrar. En este sentido, habrá que conocer cuál es la dirección vocacional del instructor. Si su interés radica en el desarrollo integral del estudiante, o si por el contrario, su interés proviene de su propio “estómago”.

El estudiante tiene la necesidad de ser orientado, guiado e invitado a experimentar, incluso rompiendo con la tradición técnica de su dojo, de otra manera se anclará, convertirá su técnica, que debería ser artística, en dogmática y estática, y no progresará a niveles de profundidad y desarrollo más elevado.

Es por tanto una virtud del instructor superar sus propias debilidades a través del legado que transmita a sus estudiantes, este legado además, para ser eficiente ha de ser flexible. No es suficiente con mostrar cómo se abre una puerta, hay que otorgar llaves en cada lección, llaves maestras, llaves infinitas, tantas como puertas existan o existirán.

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2 comentarios

Publicado por en 10 agosto, 2016 en Artes Marciales, Filosofía, Historia, Otros

 

2 Respuestas a “Puertas infinitas, llaves infinitas

  1. Edgar Wilson Jose de la Concepción y Urrumeta

    20 agosto, 2016 at 11:54

    Sensei Ivan: hipotéticamente hablando: si se enfrentara usted en un combate de mixed martial arts con Vladimir Putin, cree que ganaría?

     

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