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Mi abuelo

06 Mar

           marques[1]                                                                            

1914 vio nacer la primera guerra Mundial, un despliegue de energía y de brutalidad tremendo.

Y algo de esa potencia y energía se desvió hacia la España del Rey Alfonso XIII, al seno de una familia aristócrata llegó un nuevo ser que sería su heredero. El 5 de septiembre de 1914 nació Don José Robles Morilla.

Nació en León- el Reino de León, como prefería decir- Sus primeros años los pasó en un orfanato, no por ser huérfano, si no porque estaba regentado por su familia paterna.

Tuvo la oportunidad de estudiar en un colegio de monjas de la capital leonesa.

Terminados sus estudios tuvo varios oficios que le reportarían independencia económica de su familia, su padre, que era guardia forestal, dirigía el Vivero Central de León y mientras este vivió, Don José se dedicó a oficios tales como vendedor de bicicletas o empleado en un taller de armería, que fue una de sus grandes pasiones junto con la caza y la pesca.

Siendo un mozo, que le gustaba festejar con sus amigos las diferentes festividades de la región, conoció a una joven de un pueblo llamado Benavides de Órbigo, hija de un importante fontanero y cristalero de la ciudad León, Don Jesús Martínez, que incluso fue el encargado de la restauración de las vidrieras de la catedral de León, las más importantes del mundo, era Pilar Martínez. Decidieron formar una familia y se casaron. 

Eran tiempos extraños en lo político aquellos años 30 en los que el rey Borbón había sido primero tutelado por una serie de dictaduras militares, y posteriormente derrocado y exiliado a favor de la II República española en 1931.

Años de libertades ideológicas que acercaron a este heredero de un marquesado a posiciones de liberalismo social, comunismo, anarquismo, socialismo, muy lejos desde luego, de lo que se desearía para un futuro marqués. Así que cuando fue tiempo de heredar en los convulsos y críticos años 30, decidió no hacerlo.

Tenía un hijo y una mujer en el año 1936. Por aquella época, ya había logrado la plaza de guardia forestal  y ocupaba el cargo que dejó su padre.

Sus amigos eran funcionarios, policías, militares, todos ellos de ideario liberal, que se acostumbraban a reunir en la Casa del Pueblo.

A ese mismo lugar, convenientemente uniformado marchó presto el día 18 de Julio de 1936, después de haber oído que el día anterior que las tropas de legionarios de África dirigidas por el general Franco, y apoyadas por importantes cúpulas militares en la península, se habían sublevado contra el gobierno republicano.

En la casa del pueblo, discutían gentes de importante calado institucional y cultural como el Comandante Rodríguez Lozano –abuelo del actual presidente del gobierno J. L. Rodríguez Zapatero-

En plena reunión una escuadra falangista irrumpió armada en el lugar para solicitar apoyo al golpe militar. Los allí presentes, entre ellos mi protagonista, se opusieron al mismo, y comenzó un tiroteo cruzado dando lugar al comienzo de la guerra civil española en la ciudad de León.

José, logró salir de aquel edificio a golpe de bala, y amparado en su buen conocimiento de la zona, pudo correr hasta el río próximo que él mejor que nadie conocía, mientras la falange disparaba contra él y los que acompañó desde los muros de un convento próximo.

En ese año España quedó dividida, y obligada a luchar en una guerra fratricida. Hubo quien se aprovechó de la situación y procuró satisfacer sus envidias y deseos personales, y José fue denunciado por un vecino que deseaba su puesto de funcionario. Los motivos eran tenencia ilícita de armas y posesión de propaganda subversiva.

Lo cierto es que en esa época José tenía carné de la CNT, y atesoraba en su casa, junto a la muralla de León, una estupenda colección de pistolas que su esposa Pilar sabiamente tenía colocada en una repisa junto a la ventana, y así, en caso de registro de la vivienda, tan solo tendría que empujar la caja de pistolas que caerían entre la casa y la muralla. De hecho fue tal como ella auguró. Se efectuó el registro, e hizo desaparecer las armas.

En esos tiempos de procesos sin juicios, en los que no hacia falta demostrar nada ya que todo el mundo era culpable hasta que se demostrase lo contrario, José fue condenado a muerte y llevado a la prisión de San Marcos, una de las más duras y antiguas del país – incluso fue ocupada en el siglo XVII por Don Francisco de Quevedo, entre los hombres más ilustres que allí sufrieron presidio, y hoy en día es un hotel de máximo lujo-

En ese tiempo, los presos recibían tan solo el alimento que sus familias podían aportarles. Pilar iba cada día a llevarle la comida. Pero un día tuvo que dejar de ir por un tiempo, ya que un guardia se metió con ella, y esta señora de carácter fuerte salió bien airosa de la desagradable situación, pero prefirió no desvelar quien era el reo al que aportaba subsistencia, para que este no sufriera las consecuencias.

Por suerte para José, el Gobernador Civil de León era amigo de la familia, y si no consiguió condonar la condena, al menos consiguió un destino que aunque incierto, era más probable de supervivencia que la pena de muerte. José fue enviado al frente nacional –al bando franquista, a luchar en contra de sus ideales-

Mientras en León dejaba a su mujer y a su hijo (Carlos) y otro que estaba por venir (José).

Recorrió prácticamente toda España –Extremadura, Asturias, Castilla, Cataluña, Madrid-  Participó en algunas de las principales batallas de la Guerra Civil Española: La batalla del Ebro, la Batalla de Brunete o la toma de la Ciudad Universitaria de Madrid.

Durante la contienda fue ascendido por méritos de guerra a cabo furriel y condecorado –condecoraciones que nunca después quiso exponer por pertenecer al bando franquista-

En 1939 tomó Madrid y estuvo encargado de la intendencia, en alguna ocasión atentaron contra él. Incluso cuando iba a visitar a unos tíos que allí tenía, le dejaron una granada abierta en la escalera, que por suerte pudo inhabilitar.

Participó en el llamado Desfile de la Victoria, alegre por seguir vivo y porque pronto estaría con los suyos.

En León de nuevo retomó su trabajo de guardia forestal, con el cargo de capataz del Vivero central. En una época en la que aún se trabajaba a caballo.

Cuando fue más mayor pasó a trabajar en las oficinas de ICONA.

Tuvo ocho hijos (Carlos, José, Pilar, Jesús, Mª Carmen, Margarita, Mª Jesús y Manuel) veintitrés nietos –de los cuales, él último nació setenta años justos después de él, el 5 de Septiembre de 1984, el número 23, que soy yo- y Diecinueve biznietos por el momento.

Al jubilarse y celebrar su bodas de Oro, sus hijas, que vivían en Vitoria, quisieron tener cerca a sus padres y les convencieron para que abandonaran su vieja casona del vivero, que le dio apodo a la familia en esa zona –Los “parqueros”-, ya que la  preciosa casa estaba en un parque.

Con su León siempre presente José y Pilar, se mudaron a Vitoria y allí vieron crecer a sus nietos y biznietos.

Pasaron tiempos buenos –incluso les tocó la lotería- otros no tanto, pero los afrontaron. Incluso José se enfrentó siendo ya mayor a un cáncer en un labio, y venció y lo superó.

Pero el tiempo, que es un duro rival, le jugó una mala pasada a José y se llevo a su amada esposa Pilar a mediados de los 90. También tuvo que ser fuerte cuando la fortuna le arrebató a dos de sus hijos.

Pero José se mantuvo cabal, vivió solo por que el quiso, aunque muy cerca de sus hijas hasta muy mayor, incluso con 85 años le renovaron el carné de conducir. Se mantuvo muy sano, con fuerte carácter. Le gustaba pasear por el barrio, tomar sus vinos. Siempre vestido con traje, con su visera a juego, su bastón, su reloj de bolsillo. Orgulloso de lo que era, de lo que tenía, de quienes tenía, de lo que fue, con sus manías, sus aficiones. Le seguía gustando pescar. Mientras pudo siguió haciendo sus moscas de pesca, arreglando sus cachivaches, que sacaba de un armario, que a mí siempre me pareció fantástico y a él también, pues lo cerraba con llave, y de él salían todo tipo de artilugios – pistolas, relojes, radios, prismáticos…- con su afición por la lectura de las enciclopedias de la caza y la pesca, con su ambición por que conociéramos la historia de su vida, de lo que le había rodeado ¡Cuánto me gustaba sentarme a escuchar sus historias!. Le gustaba el buen comer y el buen beber, y fumar sus cigarros puros en una boquilla, que le otorgaba cierta sofisticación. Él decía que era más de comer que de pelear.

Un ser pacífico, con una fortaleza y una energía enorme, tanto como una explosión de vitalidad.

Una llama que se encendió para ser incendio un 5 de Septiembre de 1914 y poco a poco se apagó un 7 de marzo de 2008 despúes de más de 93 años sin querer despegarse de la vida, hasta convertirse en el humo que siempre será fuego en nuestro recuerdo, en el recuerdo de los que le queremos.

 

abuelo e ivan

 

 

 

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6 comentarios

Publicado por en 6 marzo, 2008 en Historia

 

6 Respuestas a “Mi abuelo

  1. Marga

    7 marzo, 2008 at 19:06

    GRACIAS IVAN POR ESTE HOMENAJE QUE HACES A NUESTRO ABUELO.
     
    ABUELO, NUNCA TE OLVIDAREMOS
    Y NO OLVIDAREMOS TODO LO QUE APRENDIMOS Y VIVIMOS CONTIGO.
     
    MARGA
     

     
  2. jose

    8 marzo, 2008 at 19:01

    Desde tú, el más pequeño de sus nietos hasta yo, el mayor, pasando por los 21 restantes hemos recibido el cariño y el amor de este grandísimo ABUELO, perfecto patriarca de esta extensa familia y, del cual, estoy seguro que todos nos sentimos orgullosos. Gracias, primo Iván, por dedicar a éste pequeño gran hombre estas líneas, contando al mundo un poco de lo que fue Don JOSE ROBLES MORILLA. (nuestro ABUELO)

     
  3. Iván

    9 marzo, 2008 at 13:20

    Gracias primos, por vuestras palabras.
    Jose, te he enviado por medio de Daniel y Alfredo, ya que no me dio tiempo a dartela en persona, esta biografía del abuelo, que he escrito para todos sus nietos, para que todos los primos tengamos un recuerdo igual, además del que cada uno tiene en su cabeza.
    Un abrazo.

     
  4. Iván

    9 marzo, 2008 at 23:53

    Jose, gracias por tus acertados comentarios, lo cierto es que había en el texto muchas comas innecesarias, y es que las uso durante la redacción de textos largos para ayudarme a construir las frases y aclararme con lo que estoy diciendo. Luego a veces las quito y otras se me olvida.Quién me iba a decir a mí que mi primo Jose debería tener un sillón en la Real Academia de la Lengua.Muchas gracias por las correcciones, no sabía que tu padre era del 37, ya lo he modificado.Seguro que habrá alguna cosa que no es como yo la cuento, porque el abuelo a veces se equivocaba en las anécdotas que me contaba o yo no las he interpretado bien -por ejemplo, tía Chata me riñó por que su padre no era calderero, era fontanero y cristalero. Ya está corregido- También se que tengo que escribir ORBIGO 1000 veces, ya que ayer también me echaron la bronca por eso, jeje.En la iglesia no leí todo esto, ya que es mucho, sino que hice un resumen dirigido a ser leido en tres minutos.Me gustaría saber cualquier cosa o anécdota que me quieras contar. Tú que eres el mayor tienes más ventaja que yo, que soy el pequeño, a la hora de saber nuestra Historia.Espero que los que son más jóvenes que yo, como Yaiza, se sientan tan orgullosos de nuestro abuelo como nosotros lo estamos.Un abrazo y muchas gracias.

     
  5. balbi

    19 abril, 2008 at 13:15

    ivan no se como puedes tanto y tan buenas informaciones, te felicito por todas las cosas que eres capaz de hacer, que saques al dia 48 horas en vez de 24, yo solo le saco un par de ellas
    un beso y sigue esi

     
  6. joseba

    9 febrero, 2010 at 15:40

    Saludos a Antonio Pineiro,,,,,, Y al gimnasio Barrasa de Haro la rioja

     

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